Entrar en la vida de alguien suele ser sencillo, salir no tanto. Se entra rompiendo puertas y se intenta salir de puntillas, sin hacer mucho ruido, casi sin molestar. Es bonito encontrar conexiones, pero lo difícil es cuando hay que olvidar lo ya enlazado. A pesar de todo, no nos cansamos de idas y venidas. Un ahora sí, un ahora no. Ni contigo ni sin ti. Sería más fácil pasar sin pena ni gloria por la vida de los demás, pero es imposible. Y eso es algo que debemos afrontar. Lo que haces y dices tiene sus consecuencias. Salir sin hacer ruido, además de imposible, es la mayor cobardía con la que jugamos. No hacerte cargo de tus actos es algo que debería quitarnos el sueño, pero aquí entran en juego las conciencias y éstas son cuadernos en blanco donde la moral y la ética se disfraza según cada cual.

Por suerte todo termina cansando. A veces necesitamos un portazo para ser conscientes de la realidad, que se rompan los platos, escuchar un estruendo y ver que lo que querrías no se parece en nada a lo que ves.

Si os vais, cerrad al salir. No es tan difícil y ayuda mucho al que venga detrás.

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