Dicen los expertos que debió ser en verano porque la posición de la estrella polar indicaba que estaban en esa estación. Dicen también los estudiosos en la materia, que nació entre un buey una mula; dicen que de niño se perdía y lo encontraban en el templo. Dicen que su madre era virgen y su padre carpintero. Dicen que dudó, y la duda la llevó consigo hasta el mismo momento de su muerte. Dicen que supo perdonar y poner la otra mejilla. Dicen que resucitó al tercer día de morir en una cruz que le hicieron llevar a cuestas. Dicen que fue un mártir pero que murió con dignidad. Dicen que en su último aliento pidió perdón para los que lo mataron.  Dicen que fue un redentor. También cuentan que lo traicionaron, que una persona de su entorno más cercano lo vendió al mejor postor. Eso dicen…

Eso dicen (y lloran) aquellos que creen cierta esa historia. Aquellos que, como decía el pasodoble, “lo siguen matando cada año por primavera”. Tradición, homenaje, rememorar…Presentar respetos, sentir pena, aplaudir, dejarse llevar por lo que se cree…todo muy respetable y loable hasta que se deja de mirar al suelo y terminas pisando al que tienes a tu vera.

Se venera la bondad, pero la maldad se sigue escondiendo debajo de algunas sotanas. Se alaba la pobreza, pero el oro sigue reluciendo en los altares.  Se defiende la humildad, pero el egoísmo y la crueldad abanderan nuestros días. Se llora una cosa en las calles, y se maldicen otras en las alcobas.

Es evidente que cada cual hace con su conciencia lo que le viene en gana; cada uno lleva su creencia a los niveles que quiere y defiende lo que quiere cómo quiere. Pero es importante no perder de vista que, se puede hacer más por mantener ese espíritu de calidez mirando por los demás día a día, sin necesidad de abriles ni guirnaldas de flores. No sirve de nada vestirte de domingo para ir a misa en cuaresma, y convertirte en un Judas traicionero cuando pones los pies fuera de la iglesia. No todo el que escucha o dice sermones peca de lo mismo. Lo sé. Pero por experiencia, al vivir en un lugar donde tanto se venera, puedo decir que cuanto más lágrimas hay un domingo de ramos, cuantos más golpes en el pecho hay, más hay escondido en la alacena de casa.

La fe es silencio, no un griterío en callejones.

No son necesarios sermones ni confesiones para poner en jaque la realidad.

La penitencia la llevamos encima en el momento en el que abrimos los ojos y vemos lo que hay a nuestro alrededor, no son necesarias cruces ni cadenas. 

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