Intentamos imprimirle nuestros silencios al tiempo, pero no siempre lo conseguimos. A pesar de saber que el tiempo es relativo y que nuestra manera de concebirlo es diferente del que tenemos al lado, no podemos evitar la rebeldía que encierra en sí mismo. Pretendemos adueñarnos de algo que nunca seremos capaces de atrapar. Podemos pensar que es cuestión de esperar el poder hacernos con el control del tiempo; hay incluso quien piensa que la meditación ayuda a que tu cabeza se alce por encima del segundero del reloj. Pero el control que ejerces es sobre tu desesperación; la libertad del reloj sigue su curso.

Lo podemos medir con notas musicales, en granos de arena, con el cantar de un pájaro, con agua…pero aún así, a pesar de personalizarlo de acuerdo a nuestros deseos, no lo hacemos nuestro.

El tiempo desespera y da descanso. El tiempo no cura nada; no le importan tus alegrías ni tus penas. No se para para los niños el día de Reyes; no va más rápido para el que llora y desea que caiga la noche. De alguna manera se mantiene imperturbable ajeno a lo que le pides.

Pedimos libertad y la autonomía del tiempo es una de las consecuencias que debemos aceptar. 

Me temo que por mucho que lo pida, el reloj no se va a parar por mí. Ni por ti. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s