Buscar paz mediante la guerra es como intentar secar algo con agua, como apagar un fuego echando más leña. La guerra no es más que una manera de alimentar el odio que como seres humanos rebosamos por los poros. Los bombardeos en Gaza lo demuestran, no hay motivo que justifique esa atrocidad, ninguno. No se le puede buscar razones a lo que carece de toda lógica. Se despiertan cada día en una situación en la que no han pedido estar, abanderan los gritos ahogados que obvia y olvida el resto del mundo. La tierra prometida inventada está muriendo en manos de los que dicen preocuparse y llorar por ella.

Imre Kertész en “Sin destino” escribe cómo un adolescente se encuentra en medio de una situación en la que no pidió estar. No sólo no pidió la invasión alemana ni el asesinato de millones de judíos sino, lo que era más desesperanzador, no lo entendía.

De alguna manera, ante la locura del ser humano, los adultos se resignan, aceptan y agachan la cabeza, pero no lo hacen así los niños. Buscaban entonces y buscarán ahora una explicación que arroje algo de luz, que le de sentido a por qué se encuentran de cara a la muerte sin tener nada que ver. Probablemente estuviesen y estén confundidos, sin saber por qué elegir un bando, sin ser conscientes de la importancia de mantenerse firme a los principios que su pueblo le marca. No ven la diferencia entre ellos y cualquier otro del bando enemigo.

La barbarie humana nace en buscar justificaciones para el dolor y en encontrarlas. Es un encaje sangriento y desolador. Pero a pesar del paso del tiempo, de ponerle nombre a eso de la conciencia histórica, la fractura por la que se nos escapan millones de vidas, de proyectos, de respiraciones, se mantiene abierta. 

Quizás todo esto acabe cuando por fin veamos y seamos conscientes que al final, no hacen una guerra en nombre de dios. Se perpetúa la guerra de los intereses, una guerra que están controlando las grandes potencias mundiales; una guerra que justifica sus razones inventadas, una guerra disfrazada de creencias religiosas, cuando lo que impera realmente es la opresión a personas que han aprendido a abrir los ojos entre bombardeos, personas que, en definitiva, están aprendiendo a convivir con la muerte.

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