Estamos hechos de contradicciones y “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Nos definimos por estar siempre entre dos aguas, no sé si es la tradición católica que, por mucho que nos empeñemos en tapar, la llevamos en nuestros hombros por vivir en el mundo en el que vivimos, o simplemente es por necesidad ética y moral. La cuestión es que nuestras opiniones no suelen tener un solo color. Cambiamos de gustos, pareceres, opiniones, de dudas y de certezas conforme pasa el tiempo. Lo que hoy te parecía imposible que harías, mañana puedes descubrirte haciéndolo.

Suele pasar con tus padres, un día te levantas y te descubres haciendo algo que no solías hacer pero en lo que los ves reflejados en ti. Al final no somos más de lo que vemos y por eso, es tan importante lo que vemos.

Últimamente no hacen más que enseñarnos fotos de niños israelíes con metralletas, incluso he visto una foto de un niño sujetando la cabeza de una persona decapitada, ¿qué cabe esperar de esos niños? Se les ha negado desde pequeños una identidad propia.

También aquí, a nuestra manera, corrompemos identidades desde pequeños. Como he dicho más arriba, nosotros vivimos bajo la losa de la Santa Iglesia por mucho que se amplíen las listas de ateos y por mucho pseudo-intelectual con el Zaratustra debajo del brazo que haya hoy en día. El sentimiento de culpa o el remordimiento sigue existiendo, quizás no en aras de un mundo celestial, pero el encaje entre el mundo (supuestamente) laico y el religioso es tal, que a veces no sabemos dónde acaba uno y empieza otro. También nosotros reventamos identidades, también nosotros alienamos a los niños desde pequeños. No lo hacemos de una manera tan bestial como el niño que sujetaba una cabeza, obviamente, pero no por ello estamos “libres de pecado”.

Empuñamos la bandera de los ideales de la revolución francesa sin darnos cuenta que aquel cuento de hadas murió a los pocos años de ser contado por primera vez. Quizás deberíamos ir inventando un cuento nuevo, uno que nos valga aquí y ahora. Como decía Nietzsche, que escribió mucho más que el Zaratustra y El anticristo aunque muchos no lo crean, quizás ese cuento sólo pueda ser inventado una vez que aceptemos y asumamos de verdad y sin miedos la antigua historia sin hacer ningún tipo de remiendos que se terminen rompiendo y dejándonos en el mismo lugar de siempre.

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