Abrí los ojos y el doctor se encontraba a un palmo de mi cara con una sonrisa en los labios: “Está volviendo, ¡bienvenido!”. Salió para avisar a la enfermera y ella entró preguntándome si necesitaba algo. Ante mi silencio decidió que necesitaba mis pertenencias, o eso supuse cuando la vi entrar con una bolsa de plástico: “Ésto era lo que llevabas el día del accidente”. ¿Accidente? No sabía de qué me hablaba aquella mujer. Me dejó sobre la cama una bolsa de esas que se utilizan para guardar las sobras de la comida; supongo que aquello objetos los verían como las sobras de una vida que llevaba demasiados días en coma como para volver a despertar. 

Dentro de la bolsa había un móvil apagado, una cartera llena de tarjetas y una agenda. La enfermera me miraba curiosa: “¿No recuerdas nada?”. No, no recordaba nada. Según me contó tuve un accidente una mañana camino del trabajo, al parecer me crucé en el camino de un conductor que tenía más que prisa por llegar a su destino llevándose por delante otra vida que nunca llegó al suyo. Me angustiaba no poder recordar nada, ni siquiera sabía cómo me llamaba. Tenía una sensación extraña, podía recordar cómo hacer cuentas matemáticas pero no recordaba mi nombre. Al final iba a ser cierto que sólo somos máquinas pero con la capacidad de recordar, capacidad que yo no tenía. Le pedí a la enfermera que me dejara solo, necesitaba poner en orden las imágenes sin sentido que pasaban por mi cabeza.

Abrí aquel cuaderno: “Esta agenda pertenece a Alfonso Guerrero”: ése debo ser yo. Justo encima había un papel doblado por la mitad en el que estaba escrito: “NO LO OLVIDES”. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo cuando desplegué el papel, era una nota de rescate: “De ti depende esta vida, no esperes a nadie, probablemente tengas menos tiempo del que crees. No quieras arrepentirte”. No sabía de dónde venía aquello ni por qué. El miedo me paralizó por unos segundos. Sólo tuve claro una cosa, quien escribió esa nota era la misma persona que había escrito Alfonso Guerrero en la agenda; era la misma letra. ¿Por qué habría escrito yo aquello? ¿Qué es lo que hice? ¿En quién me estaba convirtiendo por segundos? ¿Por qué escribí eso y a quién? ¿Por qué querría atemorizar a alguien? Hacía cinco minutos era un hombre que había estado dos años en coma por un accidente y ahora ¿era un secuestrador? Si todo esto ocurrió hace tanto tiempo ¿qué habría sido de esa vida de la que hablaba en la nota? La angustia me apretaba cada vez más el pecho, no sabía si llamar a la enfermera, confesarlo todo o simplemente salir corriendo del hospital. En algún momento perdí el contacto con la realidad, en algún momento se difuminó la diferencia entre el bien y el mal en mi cabeza, ¿pero cuándo?

Intenté calmarme pero no lo conseguía, de repente me daba asco mirarme las manos. No sabía qué habían hecho, dónde habrían estado metidas. Aquella lucha por intentar buscar la verdad en mis manos sin fruto a la vez que me sabía hacedor de algo que nada tenía que ver con lo humano me paralizaba y me llevaba a la más absoluta desesperación. Decidí hablar con alguien y justo en ese momento entró un médico en la habitación. Se presentó como psicólogo del hospital. Me sonreía y veía ilusión en sus ojos, realmente me apreciaba aunque no sabía bien por qué. Luego me lo explicó. Llegamos a la vez a aquel hospital, él empezó a trabajar allí el mismo día que yo ingresé. Desde entonces me había estado visitando todos los días. 

“La mayor alegría que nos diste fue hace tres meses, ¿te acuerdas? Me llamaron y me dijeron que un paciente en coma había despertado, ¡qué alegría cuando vi que eras tú, Alfonso! Yo sabía que aquel despertar no iba a durar mucho, tus signos vitales no tenían la fuerza que debían. Nos desesperó y por eso te hice escribir aquella nota, necesitaba que interiorizaras que todo dependía de ti. ¿La has visto? La guardé en tu agenda.”

Mi cara de debió volver pálida y las lágrimas me subieron a la garganta.

“¿Por qué lloras? ¿Feliz de sentirte vivo?”

No, no lloraba de felicidad por sentirme vivo. Lloraba porque pude volver a mirarme las manos. 

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4 comentarios en “Nota de rescate

  1. Me hubiera gustado que la historia hubiera sido más larga, que esa nota fuera algo más, algún misterio, una aventura por saber de dónde venía la nota. En cierto modo, el personaje principal está viviendo una aventura internamente, pero me ha dado la sensación de que en algún momento iban a haber coches explotando, amigos en apuros, enemigos cuasi omniscientes… A veces me puede lo convencional 😛

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