Tengo tres autores (vivos) con los que voy a ciegas; compro sus libros y los leo sin saber siquiera sobre lo que van a tratar. Para bien o para mal, siempre me sorprenden. Uno de ellos es Kundera y publicó libro a principios de septiembre. Lo primero que hice cuando lo tuve en las manos fue darle mil vueltas, lo abrí, lo olí (manías de una), leí palabras al azar y vi que sí, que el libro desprendía a Kundera por los cuatro costados que se dice en mi tierra.

Lo dejé reposar en la mesita de noche como las abuelas cuando dejan garbanzos en agua durante horas. Al día siguiente al llegar del trabajo lo leí. Es muy breve y se puede leer en un par de horas. Mi miedo con Kundera es que él se pierda en escenas repetidas y yo termine mirando hacia otra parte como ya me pasó con “La vida está en otra parte”. He intentado retomar ese libro mil veces pero tiene algo que me hace cambiar de lectura cada vez que lo abro. Algún día lo terminaré. O no. 

Así como Dostoyevski tiene el don de retratar como nadie, a mi parecer, las miserias humanas y vomitarlas, consiguiendo que sientas en tus entrañas lo que siente el personaje, Kundera tiene el don para perfilar personas. Con pocas palabras consigue que te olvides del personaje y busques a la persona entre las páginas del libro. Con éste lo consigue a la perfección. No tiene un argumento que sorprenda; realmente es un escritor que no destaca por eso. 

Kundera es doble sentido. Es por eso que exige más atención, atención que no todo el mundo está dispuesto a dedicarle a un libro. A veces buscas una historia simple, con su principio, su desenlace y su final; ésto nunca lo encontrarás en sus libros. No es un “autor de playa”, puede que requiera más silencio para poder encontrar sentido a lo que lees.  

Soy de esas personas que les gusta leer teniendo un cuaderno y un bolígrafo a mano, que le gusta subrayar, hacer dibujos incomprensibles con palabras sacadas de párrafos que nada tienen que ver unas con otras. Y así aprendes que se puede decir mucho en pocas palabras si sabes cómo hacerlo. 

“La fiesta de la insignificancia” es un fiel ejemplo, no tiene un final sorprendente pero dibuja conciencias de una manera real y sin más complicaciones que las que te encuentras en tu día a día al poner los pies en el suelo.

Uno de mis párrafos favoritos del libro:

“Sentirse o no sentirse culpable. Creo que todo radica en eso. La vida es una lucha de todos contra todos. Es sabido. Pero, ¿cómo puede darse esa lucha en una sociedad más o menos civilizada?No deberíamos tirarnos unos contra otros a primera vista. En cambio, intentamos proyectar en los demás el oprobio de la culpabilidad. Vencerá el que consiga hacer que el otro se sienta culpable. Perderá el que confiese su culpa”.

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Otro de mis tres autores que comentaba al principio ha sacado libro también esta semana, Luis Landero. Lo tengo en la mesita de noche, ya os contaré. De él espero dulzura al escribir como me tiene acostumbrada.

El tercero, García Montero, creo que saca libro de poemas en unos meses. Pocos que escriban de una manera tan bonita. De él espero que me haga oler el patio de mi casa de cuando era niña como me tiene acostumbrada.

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Un comentario en “La fiesta de la insignificancia – M. Kundera

  1. Pues a mi, que soy otro acérrimo de Kundera, me ha parecido un divertimento improvisado sin demasiada significancia (valga la redundancia). Creo que ya ha escrito todo lo que tenía que escribir.

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