Cuando la lectura es una de tus mayores aficiones, te angustia pensar que por muchos años que vivieses, no podrás leer todos los libros que quisieras leer. Al menos a mí me pasa; te ves perdida en una biblioteca inmensa con miles de bocas llamándote sin saber a ciencia cierta hacia dónde debes ir y de dónde debes huir. El tiempo es finito y al final todos buscamos darle nuestras horas a aquello que hace que tu cerebro encaje como un puzzle otorgándole una satisfacción difícil de explicar.

Cuando busco nuevas lecturas enlazo sinopsis de libros sin cesar, como cuando pasas horas muertas de enlace en enlace en internet. Empiezas buscando algo concreto y cuando vuelves a tomar conciencia estás en otra época, otro estilo, otro autor, otro mundo.

Buscas lecturas nuevas, autores actuales que te den algo de “nuestro tiempo” que decía Ortega, pero una voz en tu hombro te susurra la palabra «clásicos». Sabes que siguen ahí, después de tantos siglos, hasta les tienes respeto sin haberlos leído; agachas la cabeza ante un Lope de Vega, ante un Virgilio, ante un Proust…Incluso si cuando los lees no te terminan de gustar, te sientes como Alicia al beber de aquella botella que no debió abrir; te haces pequeñita y ves a Goethe con dedo inquisidor atormentándote por no haber disfrutado de su Fausto lo que hubieses debido disfrutar.

Pero pasa la mayoría de las veces que descubres un clásico y te enamoras creándose una amalgama de pensamientos en tu cabeza.

Por una parte te preguntas por qué no antes; por otra parte disfrutas el momento con la inocencia y el asombro que sólo las primeras veces conceden.

Y en estas estoy, asombrada por Machado. Conocía los poemas que resaltaban en los libros de literatura del colegio. Nada más. Cuando lo decía, me miraban como a un bicho raro y supongo que tendrían razón. Pero a veces la atalaya del conocimiento hace olvidar lo bueno de los descubrimientos.

Mi profesor de estética hablaba “día sí y día también” del Juan de Mairena de Machado. Supongo que el aprendizaje, como todo, tiene sus ritmos, y ese libro ha caído en mis manos ahora. Y sí, tenía razón, es una maravilla. Una estructura dinámica, fresca, de una sutileza envidiable y una inteligencia que asombra. Una inteligencia que retrata una España aún hoy viva (o muerta, según se mire), una inteligencia que muestra el mal uso que le damos a las artes, el interés de la filosofía, de la metafísica bien entendida (dentro de lo que cabe). Tiene un humor fino que sabe sacar una sonrisa, sonrisa que esconde un reconocimiento del absurdo de nuestros días.

No quiero perder estos momentos de descubrir a los clásicos, estos momentos que me hacen ver que tantas cosas malas como buenas son capaces de salir de las manos de los seres humanos. Que no todo es torpeza y tontería, sino que la inteligencia y el sentido común se pueden encontrar hoy en día aunque sólo sea en estanterías llenas de polvo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s