Últimamente, con la inteligencia emocional y el coaching, está de moda el tema de las emociones, de lo que ellos llaman “aprender a gestionar las emociones” y yo, llamadlo deformación profesional si queréis, no hago más que acordarme de Epicuro y de lo mal que se le ha entendido con el paso de los años: no se trataba del placer por placer, ni tampoco de una especie de gestión emocional para proporcionar felicidad. No era tan simple; hay veces en  las  que la simpleza mata ideas por  no querer pensar e intentar comprender. Mejor desvirtuar que pararte cinco minutos a pensar.

Cuando decimos que el placer es la única finalidad, no nos referimos a los placeres de los disolutos y crápulas, como afirman algunos que desconocen nuestra doctrina o no están de acuerdo con ella o la interpretan mal, sino al hecho de no sentir dolor en el cuerpo ni turbación en el alma. Pues ni los banquetes ni los festejos continuados, ni el gozar con jovencitos y mujeres, ni los pescados ni otros manjares que ofrecen las mesas bien servidas nos hacen la vida agradable, sino el juicio certero que examina las causas de cada acto de elección y aversión y sabe guiar nuestras opiniones lejos de aquellas que llenan el alma de inquietud.” (Epicuro – Carta a Meneceo).

Epicuro elaboró toda una teoría del conocimiento para poder alcanzar su fin moral que era la felicidad. De ahí a pretender conseguir la felicidad escribiendo carteles y haciendo cuadrantes sobre la asertividad, va un amplio camino de degeneración. Es uno de los motivos por los que me enferma que toda esta historia sea tildada de filosofía. Filósofo era Epicuro, no lo es Coelho. No pretendo desmerecer a nadie con esto, sólo digo que no confundamos términos.

La otra mañana leí el título de un vídeo que era algo así como “Cortometrajes para gestionar tus emociones” y no pude evitar pensar en el maltrato al epicureísmo. Por lo que se apuesta ahora es por una banalización de las emociones, lejos de cualquier purpurina que intenten vender. Las emociones no son aspectos que se deban gestionar, la esencia del ser humano no es ser feliz, es problematizar. A lo que nos lleva esta banalización es a coartar la libertad del ser humano. Te pretenden encajar en un presente, en un falso carpe diem intentando hacerte ver la felicidad como un deber. Y en el momento en el que te obligas a sentir una cosa y no otra, la libertad va en sentido contrario a ti. El dolor y el placer no dependen de nuestra voluntad (por muchos cortometrajes que veamos).

Recordemos también que el futuro no es nuestro, pero tampoco puede decirse que no nos pertenezca del todo. Por lo tanto no hemos de esperarlo como si tuviera que cumplirse con certeza, ni tenemos que desesperarnos como si nunca fuera a realizarse.“ (Epicuro – Carta a Meneceo).

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Un comentario en “Epicuro y la inteligencia emocional

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