La semana pasada estuve en Zaragoza visitando a unos amigos y, casualidad o no, estaba la feria del libro así que sin preguntar siquiera, dimos por hecho que nos acercaríamos. Y allá que fuimos. Tengo un pequeño problema con las casetas de las grandes librerías en la feria del libro y es que el marketing no es mi fuerte: ponen a mano los bestsellers que todos conocemos, pero nos prohíben tener acceso a libros de los que gusta tocar y leer la parte de atrás. Sé que así se vende más, pero a mí me hace huir de esas casetas.

Quejas aparte, seguí andando hasta llegar a la caseta de una editorial que desconocía y me puse a mirar sus portadas: algo así estaba esperando y es que, las portadas de los libros hablan. De allí salía con algo debajo del brazo, lo sabía. Estaba entre dos títulos (los títulos también hablan): “Teoría de todo” y “Museo de la soledad”. Siguiendo mi instinto (según mi amigo de títulos tristes) me quedé con el segundo. La chica que me lo vendió me dijo: “¿has leído algo de Carlos Castán?” le dije que no y su respuesta me dejó sin palabras: “tranquila, aunque parezca que sí, no te vas a suicidar”. ¿Qué acababa de comprar?

Esa noche, al llegar al hotel, abrí el libro con un poco de reparo, para qué engañaros. En la soledad de una habitación de hotel, abrir una puerta al museo de la soledad me pareció una bonita y peligrosa metáfora. Vi que el autor era profesor de filosofía y no pude evitar sonreír. Hay personas proclives a desarrollar ciertas ideas; el filósofo y la soledad tienen un matrimonio de por vida aunque nos empeñemos en disfrazarlo. O disfrutas de ella, o tu vida tiene poco futuro con la filosofía.

Se trata(ba) de un libro de relatos donde la soledad era el motor de movimiento de los personajes. Niños rechazando una soledad que se les venía encima en forma de imposibles, adultos aprendiendo a vivir con ella, buscándola en otras ocasiones, llevándola a rastras casi siempre. Vidas retorcidas con la sombra de la soledad siempre presente. Todo ello escrito con una dulzura y sobriedad que te retuerce en algunas líneas.

Cuando volvía en el tren a Sevilla leí algunos relatos más y entonces entendí la frase de la chica que me vendió el libro. Carlos Castán te arroja a lo pies de la idea de la soledad lo cual no es fácil de aceptar. Como he dicho antes, la filosofía tiene una bonita relación con la soledad y quizás sea ese el motivo por el que es una idea que tengo bastante asumida, estudiada y sentida. Pero no por ello deja de doler en algunas ocasiones. Una persona que no tenga esa “bonita” relación con la soledad, se le puede atragantar las palabras de los personajes de los relatos de Carlos Castán, pero nunca es tarde para coger su mano y escuchar lo que nos tenga que decir.

Os dejo con una de esas frases que hicieron que me enamorase del libro:
«Vivir, lo que se dice vivir, en el fondo es más bien sencillo, es saber dónde meterse, qué pedir en la barra o cómo entrarle a una chica. Lo importante es ser capaz de conducir las procesiones que siempre van por dentro, poner a la conciencia en su sitio, no dejarla doler; y también impedir que el pasado se encarame por su cuenta a la superficie, porque entonces estás perdido».

IMG_5892

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s