Las cosas nunca salen como se planean. Unas veces el cambio es a mejor pero otras es a peor. Imagino que, dependiendo de cómo lo quieras ver, el grado de desilusión es mayor o menor. 

Hay personas que parecen sacadas de una novela negra, con un vaso de whisky escocés en la mano, vaso medio vacío siempre. Otras parecen sacadas de un anuncio de bronceador con sus sonrisas radiantes y el granizado con una sombrillita siempre lleno. Luego están los que directamente no tienen vaso y sólo esperan verlas venir.

La desilusión no juega en la misma liga para ninguno de ellos, y dependiendo de cómo te haces cargo de ella, tomas un camino u otro. Unos siempre verán en la caída una forma de cambiar la manera en la que andar, o eso dicen. Otros prefieren esperar en el suelo y puede que otros hayan aprendido a ver la piedra y esquivarla. Los que escriben manuales sobre optimismo, dirán que cogen la piedra y la lanzan al aire pero algunos no conocen la gravedad y no reparan en que les puede caer en la cabeza después.

Sea como sea, pienso que tragarse la desilusión con whisky escocés puede ser la mejor opción y, una vez que te la hayas tragado y consigas hacerla tuya, te ayudará a digerir mejor lo que está por venir sin esperar gran cosa. Haciéndole caso al Nietzsche de la Segunda Intempestiva, asimilar la historia con sus fracasos incluidos. 

Pero cuesta, te atragantas, vomitas…supongo que en eso consiste aprender a vivir.

f19

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