Hace muchos años vi en televisión a un candidato a la presidencia de EE.UU bailando en un programa. Creo recordar que era en algún telediario. Era pequeña y no le presté mucha atención. No sé quién era y aún hoy sigo sin saberlo pero, por suerte o por desgracia, esa imagen no se me ha olvidado. Digo por suerte porque durante años, mientras veía las sesudas conversaciones de políticos españoles en televisión, sus disputas con palabras que no comprendía, recordaba aquella imagen y mi impresión era que aquí nos tomábamos la política de manera más seria. 

Conforme crecía iba conociendo la historia de este país y entendía que no se podía tomar a risa la política con lo que llevábamos encima. 

Llegué a la facultad y empecé a leer tratados políticos; no, no era un tema de risa (empezando por el profesor, creo que no sonrió ni una vez en todo el año).

Sigo pensando que no es un tema para tomarse a risa, la vida de mucha gente depende directa o indirectamente de lo que ellos decidan hacer. No se tiene más cercanía con el ciudadano por salir en tv cantando, bailando o haciendo el pino puente. La sociedad no necesita eso, necesita una seguridad que no se consigue así. No se trata de empatizar con los políticos, no tenemos por qué empatizar con ellos. No es eso. Prestan un servicio a la sociedad y sólo ese es su trabajo: prestarlo como se comprometen a hacer. No quiero saber a qué hora se levanta Pedro Sánchez para llevar a sus niñas al colegio, qué hace Soraya de Santamaría cuando sale del Congreso, qué disco lleva en el mp3 Pablo Iglesias cuando sale de su casa o si Albert Rivera tiene la custodia compartida; no me importa lo más mínimo. Me importa lo que hagan con una educación desorientada o con una sanidad muerta, y viendo el nivel que están demostrando antes de las elecciones, pánico me da lo que puedan hacer después.

Está bien no vivir del pasado, seguir adelante, avanzar, pero no se puede olvidar cómo hemos llegado aquí, no lo debemos olvidar. Es lo que nos ha conformado, y empezar a tomarnos la política a broma, tal y como está el patio, sería un error. Me da vergüenza  encender el televisor y ver a un candidato a la presidencia haciendo el tonto, mientras sus palmeros lo animan, en vez de estar buscando soluciones a un país podrido y medio muerto. Vergüenza y rabia, rabia porque no hay cosa que me siente peor que me tomen por imbécil y es lo que están haciendo, tomándonos por imbéciles. 

Pena y asco, así puedo resumir lo que llevamos de pre-elecciones 2015.

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