¿Por qué nos cuesta tanto trabajo hacernos cargo de nuestros actos? Al fin y al cabo se trata solamente de intentar reconocerte en lo que haces. Reconocerte, asumirlo y tener el valor suficiente como para aceptar las consecuencias que no siempre (sorpresa) son como las esperábamos.

Hemos dejado atrás la época en la que nos escondíamos tras la puerta de la cocina al romper algún plato. Aquello dejó de valer. Ahora es tiempo de recoger los pedazos esparcidos por el suelo y limpiar lo que hemos ensuciado; nadie vendrá a limpiarlo por ti, nadie debe hacerlo, y además nadie tiene por qué tropezar con lo que tú has roto.

Se trata de un ejercicio de empatía y valor, no hay más.

Es verdad que no es sencillo, que el valor a veces hay que buscarlo en el fondo de cualquier mar lejano como si fuese un tesoro escondido , pero es que nunca nadie dijo que fuese fácil. Puede consistir en ser consecuentes con lo que se hace, o al menos intentarlo.

Quizás nos cueste tomar responsabilidad porque nos da miedo o vergüenza lo que somos o lo que podemos llegar a ser. Pero en ese caso, la huída tiene poco sentido. Antes o después el espejo caerá sobre ti.

Pero hay otra opción. Puede ser que estés tan absorto en ti mismo que no te apetece arreglar el destrozo que eres capaz de llegar a hacer; en este caso será mejor que no te muevas.

Dejar de pensar en uno mismo como centro del universo; qué complejo, ¿no? 

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