Después de un bonito fin de semana lleno de risas y amigos (reencuentro esperado incluido), después de dos días de música, pueblos, montes y montañas, he aterrizado de golpe en la realidad. En la realidad del país que no hay por donde cogerlo.

Debo decir que desde los 18 años esta ha sido la primera vez que he dudado respecto a si ir o no a votar. Me ha costado decidirme, de hecho hasta anoche cuando me metí en la cama a las 5 de la mañana con los pies partidos por botar en conciertos, no sabía si iría a votar. Las dudas te dan pie a aferrarte a tu humanidad. Sólo así construyes algo. 

Un “sí, tienes que hacerlo, debes hacerlo” fue la última frase que recuerdo antes de caer en los brazos de Morfeo.

Cuando me he despertado he leído un texto que ha publicado un amigo en Facebook y describía tan bien lo que llevaba días pensando que ha sido una especie de aliento, un “no estás sola en tu locura”. Es algo que a ojos de cualquier persona sería una contradicción, no les voy a quitar razón: ¿votar a un partido por el que no tienes ilusión? Es difícil de explicar, y como ya lo hizo él tan bien, no me voy a repetir.

Sea como sea, he votado. Cuando me he acercado a la mesa electoral, uno de los apoderados me ha sonreído. He sabido que para él era una sonrisa cómplice, como el lema de su partido le pide que sonría, entiendo que lo hace a todo el que se acerca a la mesa. ¿Qué he sentido tras esa sonrisa? Cinismo. Estaba entregándole el DNI al presidente de la mesa y me han entrado ganas de salir corriendo. Pero ya era un poco tarde.

Y ahora, sentada en el sofá sólo espero arrepentirme de haber querido salir corriendo, espero avergonzarme de mis dudas y que realmente hagan algo que realmente valga la pena para todos, no sólo para ellos. Es el último reducto de esperanza que queda después de cuatro años demoledores y después de dos meses vergonzosos de insultos y fotos con gatos. Espero que se olviden de su puñetero lema, que no hagan algo por lo que sonreír. Se le sonríe a un niño que empieza a andar, a un perro con el que te cruzas por la calle o a una mirada bonita. La política, para mí, no trata de sonreír, trata de algo tan serio y básico como es la supervivencia. Así que no me pidan que sonría, ni que me guíe por el corazón. Prefiero que me pidan que sea racional, que piense, que valore y que vote de acuerdo a unos principios. Es lo que he hecho siempre y lo que pienso seguir haciendo.

“Alea jacta est” que decía aquel…

Pero qué bonito fin de semana.

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