Querer decir tantas cosas y no saber cómo hacerlo. A veces no salen las palabras, sin más, pero no quiere decir que no estemos intentando juntar letras que terminen casando con lo que quieres expresar. Ese “casamiento” es el que hace que el ser humano pueda llegar a engrandecerse o, por el contrario, llevarlo al rincón más bajo y oscuro del planeta.

Le damos muy poca importancia en el día a día. No nos paramos a pensar en la enormidad de la palabra en sí, independientemente del significado. Sólo en libros antiguos, de esos que andan por las estanterías con sus hojas amarillas piensan en las palabras en sí, probablemente porque entonces tenían tiempo de plantearse cuestiones por las que ahora ni podemos ni nos apetece preguntarnos. Eran años en los que la gente era dueña de su tiempo.

Diría que, en general, no nos apetece preguntarnos por nada. Puede que sea porque nos dé miedo la respuesta. La respuesta, compuesta de palabras, miedo (en definitiva) a la palabra. ¿Se teme a las sensaciones? Por supuesto, pero una sensación se vuelve real al intentar ponerla en palabras. ¿Deberíamos temerles? Pues no lo sé, pero seguramente que de eso se trate, de temer lo que podemos llegar a decir pero sólo así sabremos lo que podemos decir.

Y como dije antes, en ese decir se cifra lo grande y lo pequeño que podemos llegar a ser o sentir.

Me enamoran las palabras por mucho daño que puedan llegar a hacer, pero me enamora el hecho de que existan. El odioso en sí y para sí hegeliano que tanto dolor de cabeza me provocó en su momento, una vez adquirió sentido lo hizo para quedarse a través de las palabras. El significado es harina de otro costal.

Dijo Hölderlin que «El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona», un mendigo porque no tiene nada más (y nada menos) que la palabra. Y menos mal.

Por desgracia también nos quieren arrebatar el reflexionar y con ello perder la palabra. Lo intentan dándonos la palabra hecha, la frase construida, el pensamiento masticado y plastificado.

No pienso desenamorarme de la palabra por mucho que pretendan que lo haga, es algo demasiado especial como para dejar que me la vendan empaquetada. No es así como la quiero.

Usarlas para decir, para hacer real lo sentido. Escritas, habladas o pensadas, qué más da. Simplemente dejadlas que sean.

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Un comentario en “Palabras

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