La primera vez que pensé que quizás la naturaleza del ser humano era la falta de dicha naturaleza me di cuenta que nada es lo que parece.

Puede que la desesperación en determinadas ocasiones sea lo único que nos una y nos haga a todos iguales. Luego, el día a día nos lleva por derroteros diferentes. Y así vamos construyendo y aniquilando según nos place. Pero cosas como la bondad, la maldad, la cordura o la locura no vienen dadas de nacimiento. El hacer de la bondad o la maldad algo natural simplemente hace que eludamos nuestra responsabilidad en el mundo; no es más que pura cobardía. La maldad no es locura y la locura no es maldad, cada cual es lo que es, y esconder una tras la otra es no querer ver lo que tenemos delante de los ojos.

Estamos en la época de la dulcificación de las palabras, de no llamar a las cosas por lo que realmente son, no sé si es por miedo a creer que no somos capaces de soportar la realidad que hemos construido. Pero debemos ser capaces, y si no lo somos en el pecado llevamos la penitencia.

El que comete un acto de maldad no tiene por qué estar loco, pero situarlo del lado de la locura hace que el que lo pone ahí se esté llamando a sí mismo cuerdo además de creerse en el lado opuesto de la maldad (pero nadie está a salvo de la maldad). No deja de ser una forma de auto situarse en el lado “bueno” de la balanza. Es el otro el que necesita ser recluido mientras que yo merezco la libertad. Él está loco, yo cuerdo, él es el malo y yo soy pura bondad y además, gracias a mí, no tendréis que tratar con locos.

Ése es nuestro ahora, el disfraz de las palabras, un juego de máscaras.  Ahora los “emprendedores” necesitan un “coach” para que le muestre cómo llevar su negocio y tú que no eres emprendedor necesitas frases motivadoras para conseguir ser “emprendedor”, ahora la academia decide nuestro vocabulario con medias palabras que ellos consideran cruciales en la comunicación de un mundo que ha dejado de llamar a las cosas por su nombre, ahora los políticos se han lavado la cara (porque las manos se las lavan desde Pilatos) e intentan engañarnos escondiendo la misma mierda de siempre, ahora nos mueve la falta de sentido, ahora (como siempre) la violencia campa a sus anchas. Y ahora que es cuando más necesitamos ser conscientes y responsables de lo que nos pasa, nos empeñamos en rodearnos de falsas palabras y en endulzar la amargura que es lo único que nos puede hacer abrir los ojos.

Puede que lo único que nos quede sea dejar de escondernos tras la máscara del buen samaritano, de la perfección que no tenemos y del saber estar que no existe y mirar de frente a nuestros demonios y hacerlos partícipe de esta gran locura.

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Un comentario en “Fiesta de máscaras

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