Solía pensar que era cuestión de tiempo, pero el tiempo le quitaba más de lo que le devolvía. Cuando tu vida gira en torno al tiempo y te haces consciente de la fugacidad, tienes dos caminos: aprovecharlo o dejar que pase.

Martina nunca fue de esas personas a las que suelen llamar “atrevidas”. Vivía como buenamente quería y podía, era una mujer alegre, de mirada huidiza y difícil de entender para los demás (aunque, ¿quién es fácil de entender en realidad?). No pedía mucho más de lo que daba a los demás, por eso es posible que quisiera que le devolvieran lo mismo que ella daba: “no hagas nunca algo que no te gustaría que te hiciesen” se decía constantemente. Era su lema y conforme a él vivía y existía.

– No es lo mismo vivir que existir. Una gallina vive, tú existes.

– Martina, deja de filosofar y decir tonterías. Como te escuche algún animalista te vas a enterar- le decía una amiga riéndose.

No siempre se reían de ella, otras veces la miraban fijamente y Martina se imaginaba que esa persona estaba intentando resolver una especie de cubo de Rubik mentalmente; ponían la misma expresión que si de un acertijo imposible se tratara.

Era mucho más simple de lo que pudiese parecer: lo decía porque realmente lo pensaba. Realmente para ella no era lo mismo la vida que el existir. Sin ser una aventurera nata, sin haber dado la vuelta al mundo, sin haberse colgado una mochila ni intentar pasar un día con una moneda en Singapur, tenía muy claro que la existencia requería de más esfuerzo que la vida. La vida no era más (ni menos) que una serie de impulsos arrastrados por el tiempo, pero sólo existiendo ganas consciencia de que ese tiempo que te termina arrastrando nunca va a volver.

Y en esas andaba Martina, tomando consciencia de que el tiempo no va a volver, tomando consciencia de hacia dónde se dirigía su existencia: “A veces creo que soy demasiado vieja para tanta parafernalia y tanto pensar tonterías”. Demasiado vieja, demasiado tiempo perdido, demasiadas oportunidades que nadie le devolverá, demasiadas palabras que no pronunciará y nadie escuchará.

Pero sigue creyendo que en algún momento el mar de devolverá algo de lo que lanzó, es la única forma de existir.

Se puede vivir sin esperar, pensaba, pero no se puede existir sin esperar.

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2 comentarios en “Martina y el tiempo

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