No querer terminar el libro; esa es mi sensación siempre que abro uno de Luis Landero.

Llegó a mí por primera vez a través de un regalo que nunca olvidaré y del que estaré eternamente agradecida, por el detalle, por cómo vino y también por el descubrimiento de un autor que no conocía de nada.

Me enamoré.

Es la sencillez escribiendo, pero no una sencillez que peque de simplista y superflua, todo lo contrario. Es la belleza recogida con sencillez y dulzura; así es la literatura de Landero para mí. No hay tramas complejas, de esas que necesitas un esquema para entender de dónde vienen los personajes o en qué tiempo está siendo narrada la historia. Es todo mucho más suave, más limpio. Tiene una escritura que apacigua, que te reconcilia con el mundo, te lo muestra todo con un color más bonito.

Desde que leí aquel libro, me he hecho con toda su bibliografía y lo disfruto cada vez más.

Acaba de publicar libro, “La vida negociable” (¿me creeríais si os digo que me puse nerviosa cuando lo vi?). Como ya dije en una ocasión, hay escritores con los que voy a ciegas, y Landero es uno de ellos. No sabía sobre qué iba la novela, tampoco quería saberlo, sólo quería tener el libro, olerlo, sentarme y disfrutarlo.

¿Y qué he encontrado? Pues justo lo que esperaba: una sonrisa dulce tras un personaje cargado de matices, de odios, de anhelos. Una historia que te hace reír a veces, otras en las que te emociona; una historia que mueve el suelo que crees tener tan fijo bajo tus pies.

Leía una entrevista estos días en la que le preguntaban si tenía Hugo, el personaje principal de la novela, algo que ver con él, a lo que contestaba que no, que el personaje era demasiado canalla, que él era un hombre más tranquilo. Y así es. Hugo es un canalla, pero un canalla perdido y que lucha desde pequeño por entender lo que le rodea. No es más canalla que cualquiera de nosotros, que nos empeñamos una y otra vez en intentar dilucidar qué es lo que pasa, y al no encontrar respuesta y harto de darte golpes contra la pared, miras hacia el lado contrario, echas a andar y vuelta a empezar.

Esa es la historia del nuevo libro de Landero, cómo nos movemos en mil y una direcciones buscando algo de claridad sin darnos cuenta que lo único que hacemos es enredarnos continuamente en una densidad y que, en el fondo, es así como debe ser.

Pero todo eso contado en palabras de Luis Landero es una auténtica maravilla.

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