¿Que si soy feminista? Claro que lo soy, de hecho creo que es un deber como mujer el serlo. No quiero decir que no haya hombres que no se consideren feministas, los hay, pero ni voy ni quiero entrar ahí. Sólo voy a referirme a las mujeres que luchan por las mujeres de la forma en la que sea, pero las que lo hacen de verdad, no las que lo gritan como un eslogan que ni sienten ni padecen. Para defender algo te debe doler, se te debe encoger el estómago cuando ves la más mínima falta de respeto hacia una mujer. No sólo es cuestión de pancartas, pienso que reducirlo a eso empobrece el fin del feminismo. Hay mil y una formas de luchar por las mujeres, y no se centra simplemente en las redes sociales. Está en cada gesto que haces, cada pensamiento que plasmas en un papel, cada palabra que le dices a tus hijos, está al hacer tu trabajo, está en la lucha diaria, en cómo vives y en el porqué vives. Darle voz, vida y dignidad a las mujeres.

En estos días he acabado un libro escrito por una mujer que trata sobre mujeres. Lo escribió Marcelle Capy en 1930. Habla de las mujeres de la primera guerra mundial, no las que fueron sino las que se quedaron. Las que tuvieron que sacar adelante el trabajo de todos, tanto de hombres como mujeres, de los pueblos. Ellas trabajaron para la guerra, pero sin dejarse llevar por el belicismo que arranca a los seres humanos la humanidad. Les tocó lidiar con el lado racional, les tocó cargar con la balanza que le marcaba la pasión de los suyos en la trinchera frente a la realidad que da el suelo que se pisa y se trabaja día a día.

Es justo y necesario recordarlas, y no sólo a ellas. También recordar a nuestras abuelas, en mi caso, la que luchó por su derecho como mujer y madre en una tierra llena de cortijeros que se creían con la superioridad moral de poder pisotearle la dignidad. Le costó sangre, sudor y lágrimas, pero consiguió lo que quiso y creyó justo. Recordar a nuestras madres, en mi caso, la que tuvo que sacar adelante una familia sólo con sus manos, criar a sus hermanos sola y hacerlo lo mejor que pudo. Estaba el camino fácil y el difícil, ella eligió el difícil sin tener por qué hacerlo. A veces se nos olvida que “es de bien nacido el ser agradecido”. 

Hoy en día sigue sin ser fácil, pero no sólo se debe luchar por las que estamos ahora aquí, sino por las que ya no están y cifraron su vida en que hoy estemos donde estamos y no igual que hace 150 años. No debemos perder el rumbo ni centrar el feminismo, algo que sigue siendo tremendamente necesario, en luchas absurdas sobre el léxico, la barba o mil cuestiones que sirven de consignas pero que nos hacen perder el foco, el que duele y mata a las mujeres: la falta de dignidad y de libertad. Ese es el problema por el que, creo, se debe luchar.

Ahora he empezado otro libro con voz de mujer: “Buenos días, guapa” de Maxie Wander. Otro libro escrito por una mujer para dar voz a las mujeres, a su sentir, a cómo romper el tabú que encierra la feminidad.

Digamos que esto no ha hecho más que empezar, y en nuestras manos está que se nos dé el sitio que merecemos.

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