No sé por dónde empezar, sé que esto me va a acarrear más problemas que cualquier otra cosa, igual hasta mi madre se me enfada. Pero, al igual que el resto de ciudadanos de España, necesito ordenar pensamientos y esta es la única manera en la que lo suelo conseguir.

Hay un dicho, no sé si solamente se usa en Andalucía, que dice “de lo que veas créete la mitad y de lo que no veas no te creas ná”. Paradójicamente, aunque vivimos en la era de la noticia y la actualidad, ahora que te enteras de una noticia a los dos segundos de ocurrir porque las imágenes por satélite, los tweets, los estados de Facebook consiguen situarte en el lugar donde se esté dando la noticia, a pesar de todo ello, no nos enteramos absolutamente de nada, o al menos de lo que está pasando en realidad; conocemos sólo lo que se quiere que conozcamos. No estoy descubriendo nada, lo sé. Pero aunque no estoy descubriendo nada, cuando vivimos situaciones como la que estamos viviendo en Cataluña parece que se nos olvida. Parece que se nos olvida que no vivimos con la verdad en la frente; simplemente vas con tu verdad (creada a partir de lo que te permiten conocer) en la frente, y quizás deberíamos tener más humildad y ser capaz de escuchar al que tenemos al lado para enterarnos qué le pasa realmente.

Personalmente, creo en el derecho a decidir, pero decidir con garantías y de acuerdo a la ley. No hablo de poder votar, hablo de tener derecho a votar por ley; no es lo mismo que te lo permitan a que sea tu derecho. Y que sea tu derecho lleva implícito que se te tenga en cuenta. A lo que no le veo mucho sentido es que me miren por encima del hombro con la palabra democracia en la boca cuando el proceso que se ha llevado a cabo parecía más la elección del delegado de una clase de Primaria que un referéndum. Y parecía más una clase de Primaria en todos los sentidos: el profesor se había quitado del medio y se había ido a tomarse un café a la sala de profesores sin importarle que los alumnos se abriesen la cabeza porque él iba a conseguir su objetivo. El encargado de la mesa era el que primero cogió la silla del profe, la bolsa de las papeletas tenía un agujero por el que se colaban los papeles en todos los sentidos. Gutiérrez, el gamberro, votó dos veces. Ruiz, el empollón que se tomaba en serio todo lo que hacía, echó la papeleta con toda la solemnidad del mundo. Y mientras tanto, mientras ellos hacían un paripé o intentaban hacerlo, un grupo de matones atemorizaba al resto de alumnos que andaban por la clase.

Ojalá pudiésemos hablar de democracia sin vaciar esa palabra de sentido y ojalá se le permitiese a un grupo de personas tomar decisiones sobre su futuro. Podemos estar más o menos de acuerdo, podemos creer que sus razones son más o menos válidas, podemos creer que estén más o menos equivocados, pero sólo son eso: creencias y nadie, nadie, tiene derecho a decidir por los demás. Ni un gobierno debería poder prohibir el derecho a decidir legítimamente al pueblo, ni el presidente de una comunidad autónoma debería tener el poder de actuar sin tener en cuenta a todos los ciudadanos que representa. Se llama libertad, ni más ni menos.

Dicho esto, voy a lo que se vio el domingo. Desde hacía días, cuando se hablaba del tema, yo (ingenua) siempre decía: “no creo que pase nada, votarán igual que hicieron la vez anterior y ahí se acabará todo”, pero mi sorpresa vino cuando el gobierno empezó a llenar Cataluña de antidisturbios y guardias civiles; ahí empezó la provocación y, para mí, el sinsentido total. Llenas las calles de policía por una votación que no tiene sentido desde el punto de vista legal, empleas efectivos de todo el país y le das una importancia brutal a algo que a efectos reales no te supone nada. Fue la forma de dar un golpe en la mesa y enseñar quién es el que manda, pero el problema es que el golpe no fue en la mesa, sino en la cara de los seres humanos que estaban en los colegios. Voy a quitar el cartel de independentista, el cartel de anti-indepentista, de catalanes o españoles. Los golpes fueron a parar sobre seres humanos, que sangran igual que sangras tú y que, con más o menos razón, creían necesario ir a votar. Un gobierno que echa a seres humanos a una jauría de perros tiene un solo nombre. El señor presidente dio las gracias a los cuerpos del estado, esos que otros muchos han ido diciendo que no hacían otra cosa que cumplir con su trabajo. Permitidme que piense que el trabajo de esos policías no era apalear a nadie, permitidme que diga que en todo caso el trabajo de ellos residía, simplemente, en impedir que se votase, en requisar papeletas y urnas. Aunque me siga pareciendo un atropello y un sinsentido, porque me lo parece, no es lo mismo requisar papeles que destrozarle la cara a alguien. Me cuesta creer que haya quien justifique eso, sea por el motivo que sea, se sea de uno u otro bando. Me cuesta creerlo pero sé que hay quien lo hace y siento asco. Un gobierno que permite eso, y encima da las gracias públicamente, nos debería dar vergüenza y nos debería remover las entrañas. Hoy, viendo las noticias, parecía que las únicas víctimas de toda esta historia eran los policías. Los que recibieron los palos parecía que lo merecían. ¿En base a qué? ¿A tener una opinión diferente a la tuya e intentar llevarla a cabo de manera pacífica? ¿Es necesario que diga a qué suena todo esto? ¿Les ponemos una estrella en el brazo con la estelada? Seguro que hay sádicos a los que le gustaría, y muchos de esos sádicos se sientan en el congreso de los diputados.

Me niego (que diría Nico Rost) me niego a que se catalogue a todos los ciudadanos de este país por la lucha absurda de dos gobiernos a los que no les importa nada lo que le pase los que vivimos a uno y otro lado del conflicto. A los que os desgañitáis defendiendo a Rajoy o a Puigdemont sabéis de sobra que no le importáis; sólo os quieren para montar follón, lo que os pase o no, no les interesa lo más mínimo a ninguno de los dos.

No siento ningún tipo de orgullo por ser española (aunque le pese a don Felipe), soy española porque casualmente nací aquí, no me identifico especialmente con nada de este país, mucho menos con la bandera y menos si cabe con un rey escondido cual comadreja. Pero en mi nombre no van a justificar una paliza ni a un catalán ni a nadie, no lo pienso permitir. Yo sólo puedo responder por mí, y os aseguro que hago todo lo que está en mi mano para que cada cuatro años no me represente la panda de hienas que tenemos actualmente en el gobierno. Rajoy no me representa, ni él ni sus decisiones.

No me avergüenza España, me avergüenzan los gobiernos caciques y ladrones, me avergüenzan los que se vanaglorian de su irracionalidad, tanto de un lado como de otro. Me avergüenza (y mucho) un rey escondido, que sólo ha abierto la boca para no decir nada como siempre que lo hace; su padre le enseñó a la perfección las dotes de escapismo. Sólo sabe decir que apela a la unidad de España, una unidad que le garantice su palacio hasta el día en que muera.

Pero no me avergüenzan las personas que intentan hacer lo mejor para todos, los que ayudan, los que intentan comprender al que está al lado, al que se pone en la piel de los demás antes de abrir la boca y sentenciar. Pueden que sean pocos comparados con los otros, pero por pocos que sean no voy a dejar de ponerlos los primeros y confiar en que hay más opciones que la que nos enseña la televisión.

Sigo creyendo que existen soluciones, el problema es que dichas soluciones pasan por dejar de mirarse el ombligo y ser capaz de escuchar al que está al lado sin que se te llene la boca con el “y yo más” que marca la actual política de este país. La falta de humanidad que destilan sí que nos debería avergonzar a todos.

Menos banderas y más vergüenza.

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3 comentarios en “Menos banderas y más vergüenza

  1. ¿Tan difícil es verlo? Todo eso que has analizado…¿por qué la mayoría de la gente no llega a esa conclusión, a que somos meros instrumentos en manos de sádicos que están dispuestos a pasar por cualquier medio para llegar a sus fines? ¿Es que esta sociedad está, después de 40 años de prácticas, más lejos de su madurez políticosocial que nunca? Realmente es desalentador ver que aquí y allá estás rodeado de gente que justifica los golpes y pide más “porque se lo merecen” o que las sociedades aún se mueven por cosas tan arbitrarias como un escudo o una bandera, por las fronteras…

    Entiendo la necesidad de cierta cohesión y el sentimiento de pertenencia a países, regiones, clubes de fútbol o compradores de aliexpress…porque necesitamos conectar y tener en común cosas para no perdernos en un mundo tan despersonalizado y con tantos millones de almas. Es indescriptible la sensación de volver a tu tierra cuando andas un tiempo lejos, también lo entiendo porque lo he sentido.

    Pero incluso esta sensación te la proporcionan las personas que te quieren, la fauna y flora típica del lugar, su orografía…etc. Esto se podría haber llamado Andalucía o Michoacán y tener una bandera verde y blanca o roja y negra con tres dragones. Todo es casual. Todo viene definido por la aleatoriedad. Es más, como bien dices, hasta nuestro lugar y momento de nacimiento es casual. Los imperios han caído siempre, hasta los más grandes y poderosos, y seguirán cayendo. La estupidez humana, como los imperios, ha imitado su ciclo: destacada cada cierto tiempo y cuando parece caer, surge de nuevo con otro nombre y otro aspecto…

    Pero entre tanta sombra, hay luces. Son las gentes de las que hablas, las que luchan por las únicas ideas que valen la pena, por encima de patrias y banderas. No hace falta que exponga cuáles son porque sabes de sobras cuáles son. Dos cosas para acabar: perdona la extensión del texto y gracias por aportar tu visión, porque a veces viene bien que alguien le ponga palabras a tus ideas reflejando las suyas.

    1. Gracias por el comentario, Rafa.
      Sí que es difícil verlo, porque verlo requiere estar en silencio y escuchar. No todo el mundo está dispuesto a eso, a la vista está…Si nos parásemos y escuchásemos a los demás con más frecuencia no tendríamos este berenjenal encima…
      Un abrazo. 🙂

  2. Desconozco si estamos viviendo la época que pase a la posteridad como el culmen del “yoísmo” (mal entendido) porque sólo vivo esta y me he perdido miles de años pero a veces me lanzo al agua y me da por creer que sí. Otro para ti.

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