Y el tiempo seguía pasando. Tanto había pensado qué era el tiempo que no se había dado cuenta que estaba estancada en un mar de instantes que ya no le decían nada. Martina miraba hacia todos lados y sólo veía momentos muertos, momentos pasados. Si intentaba afinar la vista y mirar hacia el futuro no veía nada, sólo una mancha que empañaba imágenes que no conseguía discernir.

Tampoco quería saber el futuro, sólo quería escapar de la desesperanza del presente. Recordó cuando estudió las paradojas de Zenón en clase de Filosofía; recordó cómo Aquiles nunca alcanzaría a la tortuga por muy lenta que ésta fuese porque siempre iría varios pasos por delante; algo así era el futuro para ella: nunca lo llegaba a alcanzar porque siempre iba por delante. Y ella, aun teniendo la fuerza de Aquiles, se desesperaba por una tortuga que terminaba ganando siempre la partida.

“Es como si estuvieses dentro de una ola y ese instante se hiciese eterno”, intentó explicarle un día a una amiga. Pero su amiga la miró con incredulidad, como siempre solía hacer cuando Martina hablaba del tiempo. “Martina, tienes que salir más y alejarte de esos libros raros que lees”. Esa solía ser la respuesta de todos a los que le intentaba explicar qué sentía y por qué sentía así el presente en particular y el tiempo en general. Pero no, ella no quería alejarse de los libros “esos raros que leía”, por ellos no se sentía juzgada, al revés, le regalaban sensaciones con las que equiparar cómo se sentía, y eso le hacía sentirse feliz. Podía ser desde el interior de una ballena, en un castillo de Transilvania, o desde una habitación propia, pero en esos instantes entendía qué era el tiempo y lo frágil que podría llegar a ser. Sólo así supo que el tiempo no avanza, que es circular (eso también lo aprendió en esos libros raros que leía de señores y señoras ya muertos) y que somos nosotros los que debemos avanzar, pero siempre siendo conscientes de que nunca alcanzaremos la tortuga, por mucho empeño que le pongamos.

Aprender a vivir en la ilógico que tiene el presente, eso es lo que necesitaba aprender Martina aquí y ahora.

 

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